Extraña es la palabra en el medio del mar. Habrá que volver allí otra vez, con la tranquilidad de los que aprendieron a diferenciar entre el fracaso y el éxito. Se busca sin quererlo la forma y el color de las hojas, el movimiento de los peces en el agua, el momento preciso que señala el mediodía. Conviene recordar que la luz nace de la oscuridad, mientras se vislumbra en el horizonte una línea recta, perfecta, interminable. Es un línea que ya estaba allí antes de que todo ocurriera, antes de la palabra, antes de la misma voluntad. Volveremos al mar, una vez más, ajenos al ruido de los propios pensamientos para disfrutar de una nueva y alegre melodía.
lunes, 28 de noviembre de 2011
La vida de los peces
Extraña es la palabra en el medio del mar. Habrá que volver allí otra vez, con la tranquilidad de los que aprendieron a diferenciar entre el fracaso y el éxito. Se busca sin quererlo la forma y el color de las hojas, el movimiento de los peces en el agua, el momento preciso que señala el mediodía. Conviene recordar que la luz nace de la oscuridad, mientras se vislumbra en el horizonte una línea recta, perfecta, interminable. Es un línea que ya estaba allí antes de que todo ocurriera, antes de la palabra, antes de la misma voluntad. Volveremos al mar, una vez más, ajenos al ruido de los propios pensamientos para disfrutar de una nueva y alegre melodía.
lunes, 21 de noviembre de 2011
Los caballos de Kohlhaas
Se cumplen exactamente 200 años de la muerte de Heinrich von Kleist y su acompañante Henriette Vogel. La fecha de este post coincide con el evento con el que von Kleist puso fin voluntariamente a la obra de teatro que constituyó su propia vida. Quién le hubiera dicho que, dos siglos después, sería considerado como uno de los grandes dramaturgos alemanes de todos los tiempos, cuando según dicen, fue el fracaso lo que le llevó a quitarse la vida. Es lo que tienen algunos genios, que no saben que lo son o no saben esperar a que los demás reconozcan su talento para disfrutar del éxito.
Una de sus obras más aclamadas se titula Michael Kohlhaas. Es una novela breve que aborda la idea de la justicia y la posibilidad de recurrir a la venganza para saldar las afrentas que sufrimos. A Kafka le gustaba mucho von Kleist, por lo que hemos de deducir que el adjetivo kafkiano debe buena parte de su nombre al dramaturgo alemán. En efecto, hay pasajes de Michael Kohlhaas que parecen salidos de la mano de un abogado procesalista, lo cual choca bastante con la naturaleza romántica del autor. En este libro, lo jurídico linda con lo poético, lo concreto con lo simbólico, lo terrenal con lo celestial. El propio nombre Michael hace referencia al arcángel San Miguel que se rebeló, en nombre del mismo Dios, contra el mal encarnado por Lucifer.
Según lo veo yo, la justicia queda representada en este relato por los dos caballos moros propiedad de Kohlhaas cuya retención en el castillo del junker von Tronka dará lugar a las violentas revueltas lideradas por el protagonista. La suerte de estos nobles animales marcará de forma rocambolesca el destino del héroe de von Kleist y de los habitantes de toda la región, incluidos príncipes y gobernadores. Una aparición estelar corresponderá al mismísimo Lutero, con quien Kohlhaas tendrá un curioso e inesperado encuentro a mitad de la novela.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
De repente, Vermeer
No había casi nadie en la sala, se ve que Dan Brown nunca pasó por allí. Me sorprendieron dos minúsculos cuadros junto a la puerta, uno en cada lado de la pared. Enseguida me di cuenta del autor: el pintor olvidado más famoso de todos los tiempos. Supongo que cada momento histórico tiene sus genios, maestros de humildad sin talento para el merchandising. Uno de ellos es Vermeer, autor de pequeñas joyas de luz y color. Me gusta mucho Vermeer, pero hay algo que se me escapa de su mirada. Antes de pintar, el pintor ha de mirar, y el que se acerca al lienzo acabado debe tratar sobre todo de comprender la mirada del pintor. A lo que iba: de repente, en esa sala medio vacía del Louvre, me topo con dos lienzos de tamaño reducido, a primera vista insignificantes: una chica haciendo labores de costura, un hombre ligeramente inclinado con un globo terráqueo al fondo. Acostumbrado a las copias del pintor en tamaño grande, lo que más sorprende de los cuadros al natural es el tamaño. La belleza es simetría y proporción, pero también sorpresa. Después de maravillarme ante los vestigios de la época de Asurbanipal y de contemplar las enormes dependencias de Napoleón III, no podía pensar que mi viaje a París quedara marcado por unos trozos de tela no más grandes que la pantalla de mi ordenador.
domingo, 4 de septiembre de 2011
Leer sobre el agua
No conoceríamos los detalles de la primera vuelta al mundo que llevaron a cabo Magallanes y Elcano hace casi cinco siglos de no ser por que abordo de una de las naves de la expedición se encontraba Antonio de Pigafetta, el cronista de la hazaña. Por lo que parece el tal Pigafetta no era un gran escritor, pero al menos tuvo el mérito de sobrevivir hasta el final del viaje -en lo cual superó al propio organizador de la aventura- y dejarnos el valioso testimonio de sus crónicas. Sin ellas posiblemente Stefan Zweig nunca hubiera escrito una biografía sobre Magallanes y a mí no se me hubiera ocurrido leer sobre este suceso histórico tan lleno de luces y sombras. Por decirlo de otra forma: me parece más importante disfrutar leyendo que aprender mediante la lectura. De ahí mi afición por Stefan Zweig, un autor que transforma en entretenido cualquier tema que aborde.
Mi admiración por Stefan Zweig surgió no hace mucho; fue al leer la pequeña biografía de Montaigne que escribió poco antes de morir, en su exilio brasileño. Nunca hubiera podido pensar la influencia que el escritor austriaco habría de tener sobre mis hábitos de lectura. De hecho, la mayor parte de lo que he leido a partir de entonces ha sido a raíz de obras de Zweig, que han despertado mi curiosidad sobre determinados autores o periodos históricos.
Leer a Stefan Zweig es siempre gratificante, escribe pensando en el lector y en nadie más. No experimenta con el estilo, no se deja llevar por ningún deseo de grandiosidad. Escribe claro, preciso, maneja ideas muy elaboradas que son sustentadas con sólidos argumentos, datos y hechos. Parece que las frases nacen directamente de su pluma y que no necesita corregir apenas nada en sucesivas versiones. Con cada libro que pasa por mis manos va creciendo mi asombro, mi admiración y mi gratitud hacia ese escritor que acabó cansado de su propia existencia y del mundo que le rodeaba. Su final fue triste pero su legado una joya que podemos disfrutar cada día: al igual que el nombre de John Keats en el famoso epitafio, parece que las obras de Zweig se escriben sobre el agua, tal es el placer que produce su lectura.
miércoles, 24 de agosto de 2011
El orden de las cosas
¿Cómo explicar que surja belleza a partir del choque aleatorio de los átomos? A algunos les basta con negar la belleza, o pasarla por alto, y hacen una filosofía basada en estructuras y dialécticas a partir de las cuales se puede explicarlo todo. El orden es previo a la belleza, o dicho de otra forma, sin orden no hay belleza posible. Sólo a partir de las matemáticas puede concebirse un arcoiris, como un pentagrama cuyos signos pueden producir una melodía.
martes, 19 de julio de 2011
Deseo de aventura
Pocas películas resumen mejor el innato deseo de aventura que llevamos dentro que "Los Goonies", un clásico de los años 80 que narra las peripecias de un grupo de adolescentes en un pueblo costero de los Estados Unidos. Aprendemos de la película que aventurarse en algo significa - aunque no lo queramos - meterse en un lío tras otro hasta llegar al deseado final, en este caso un magnífico tesoro de piratas de cuya existencia daba fe un polvoriento y olvidado mapa. El camino está lleno de dificultades, peligros, desafíos a la resistencia física y mental de los protagonistas. La película nos enseña - así yo al menos lo recuerdo - que tal vez la mejor receta para alcanzar el éxito sea no pensar demasiado: dejarse llevar por la intuición y desarrollar el instinto de supervivencia para poder dar un paso adelante o al costado en función de las circunstancias. El coraje de los individuos y la inquebrantable unión del grupo es lo que otorga a "los goonies" la llave del éxito. A ello hay que unir una pizca de suerte y un punto justo de locura. En efecto: sin un "razonable" punto de locura ningún proyecto verdaderamente apasionante se podría llevar a buen puerto. No me equivoco si afirmo que casi todos olvidamos, en un determinado momento de nuestra vida, esta sencilla y útil lección.
sábado, 16 de julio de 2011
El lenguaje de los peces
El que sabe no habla, el que habla no sabe. La idea de Dios nace con la palabra, ante el asombro del primate que empieza a comprender, tras observar los ciclos de la naturaleza, el sentido de la repetición. Con la palabra surge la verdad, y con ella, su compañera más fiel, la mentira. Verdad y mentira cohabitan armoniosamente como el poder y la bondad, en un mundo de orden donde el caos nos ayuda a conocer el rostro de la divinidad. En realidad no hay orden posible en un mundo en constante mutación, en el que el ruido se cuela por cualquier rincón y es preludio del dolor, el auténtico emisario del gran Todo. La idea de Dios como algo necesario e imposible de entender nace con la palabra y muere con el silencio, con un silencio que es más prueba de resignación que de entendimiento. Conforme el silencio va gananado terreno a lo demás, desaparece la geometría, la necesidad del orden. En fin, dejo a un lado los rotuladores y su lógica orientada al número tres, con todo lo que ello conlleva. Con la llegada de la acuarela, me voy acercando suavemente al lenguaje de los peces, con la alegría de un niño que descubre por primera vez el oleaje del mar y roza con sus manos el océano.
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