¿Cómo explicar que surja belleza a partir del choque aleatorio de los átomos? A algunos les basta con negar la belleza, o pasarla por alto, y hacen una filosofía basada en estructuras y dialécticas a partir de las cuales se puede explicarlo todo. El orden es previo a la belleza, o dicho de otra forma, sin orden no hay belleza posible. Sólo a partir de las matemáticas puede concebirse un arcoiris, como un pentagrama cuyos signos pueden producir una melodía.
miércoles, 24 de agosto de 2011
martes, 19 de julio de 2011
Deseo de aventura
Pocas películas resumen mejor el innato deseo de aventura que llevamos dentro que "Los Goonies", un clásico de los años 80 que narra las peripecias de un grupo de adolescentes en un pueblo costero de los Estados Unidos. Aprendemos de la película que aventurarse en algo significa - aunque no lo queramos - meterse en un lío tras otro hasta llegar al deseado final, en este caso un magnífico tesoro de piratas de cuya existencia daba fe un polvoriento y olvidado mapa. El camino está lleno de dificultades, peligros, desafíos a la resistencia física y mental de los protagonistas. La película nos enseña - así yo al menos lo recuerdo - que tal vez la mejor receta para alcanzar el éxito sea no pensar demasiado: dejarse llevar por la intuición y desarrollar el instinto de supervivencia para poder dar un paso adelante o al costado en función de las circunstancias. El coraje de los individuos y la inquebrantable unión del grupo es lo que otorga a "los goonies" la llave del éxito. A ello hay que unir una pizca de suerte y un punto justo de locura. En efecto: sin un "razonable" punto de locura ningún proyecto verdaderamente apasionante se podría llevar a buen puerto. No me equivoco si afirmo que casi todos olvidamos, en un determinado momento de nuestra vida, esta sencilla y útil lección.
sábado, 16 de julio de 2011
El lenguaje de los peces
El que sabe no habla, el que habla no sabe. La idea de Dios nace con la palabra, ante el asombro del primate que empieza a comprender, tras observar los ciclos de la naturaleza, el sentido de la repetición. Con la palabra surge la verdad, y con ella, su compañera más fiel, la mentira. Verdad y mentira cohabitan armoniosamente como el poder y la bondad, en un mundo de orden donde el caos nos ayuda a conocer el rostro de la divinidad. En realidad no hay orden posible en un mundo en constante mutación, en el que el ruido se cuela por cualquier rincón y es preludio del dolor, el auténtico emisario del gran Todo. La idea de Dios como algo necesario e imposible de entender nace con la palabra y muere con el silencio, con un silencio que es más prueba de resignación que de entendimiento. Conforme el silencio va gananado terreno a lo demás, desaparece la geometría, la necesidad del orden. En fin, dejo a un lado los rotuladores y su lógica orientada al número tres, con todo lo que ello conlleva. Con la llegada de la acuarela, me voy acercando suavemente al lenguaje de los peces, con la alegría de un niño que descubre por primera vez el oleaje del mar y roza con sus manos el océano.
miércoles, 13 de julio de 2011
El camino de Paul Klee
Hasta hace bien poco sentía bastante indiferencia por la obra de Paul Klee; de vez en cuando me topaba, por azar, con alguno de sus cuadros y me decía: ¡vaya, qué bonito!, y seguía hacia adelante sin hacerme más preguntas. Sin embargo, he de reconocer que hay algo en Paul Klee, en los cuadros que he visto aquí y allá, generalmente en libros de arte y no en museos, que me atrae cada vez más. Sus cuadros rebosan sencillez y complejidad al mismo tiempo, comparte en alguna medida la genialidad de Mozart. Detrás de sus cuadros no parece haber ni técnica ni esfuerzo, pero la imagen queda ahí, clavada en las pupilas primero y en la memoria, más tarde, del observador, como un desafío a su inteligencia o su sensibilidad, que viene a ser lo mismo. Si pensamos en Miró, por ejemplo, el pintor poeta por excelencia, descubrimos con relativa rapidez la técnica que le permite crear un estilo único. Miró juega a ser niño y lo consigue con naturalidad y maestría a partir de cuatro trazos, formas y colores. Al ver un cuadro de Miró, uno lo reconoce por su semejanza con los anteriores, aunque el tema sea diferente. En el caso de Klee, los cuadros difieren mucho unos de otros pero todos guardan algo en común, algo misterioso y difícil de explicar. En fin, veo sus cuadros y me apetece pintar con acuarelas.
lunes, 6 de junio de 2011
Jardines de piedra
Tras varios años de fallidos intentos, he logrado acabar "El laberinto de las sirenas", la segunda novela de la serie "El mar" de Pío Baroja. Si he seguido insistiendo ha sido por la fascinación que me causó la lectura de los demás libros de la serie, comenzando por "Los pilotos de altura", una novela llena de personajes inolvidables, acción y aventuras en los rincones más variopintos del mundo, desde el África ecuatorial al Mar de la China. En "El laberinto de las sirenas", el lector debe llegar a la mitad del libro para enterarse de qué va la cosa. ¡Cuántas historias en una! El protagonista es al inicio el propio escritor, luego una aristócrata de Calabria, más tarde un multimillonario norteamericano, después un irlandés "dilettante" con vocación poética, y siempre entre medias, un marino vasco decidido y valiente. En fin, salvo los nombres de los protagonistas, todo parece tan verídico que produce una enorme tristeza llegar a la última página del libro. He buscado en internet comentarios a la novela y he encontrado uno del 2003, en el que una chica se lamenta de que en el resumen del libro facilitado por la editorial se diga que el marino es español y no vasco. Si Baroja levantara la cabeza...
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La disgresión es uno de los elementos que caracterizan los ensayos de Montaigne. Se comienza por tratar el tema del honor, por decir un caso, y se acaba elogiando la arquitectura típica de los países meridionales.
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Me parecen bonitos los cementerios, en especial los de los pueblos pequeños, en los que uno puede pasear tranquilamente y admirar las tumbas sin sentirse mal por ello. En estos pequeños camposantos no suelen faltar flores frescas junto a un gran número de lápidas. Al contrario que en la gran ciudad, es posible realizar el luto por el ser querido de forma cotidiana y natural. Para el paseante ocasional, no deja de ser un lugar para reflexionar con sosiego acerca de las cosas que verdaderamente importan. Como decía Malraux: "la muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida".
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París: quisiera ir allí antes de irme de vacaciones de verano. Tal vez volver a Cluny, visitar el Louvre y alguna iglesia gótica de magníficas vidrieras. Si tengo tiempo y ganas, también las catacumbas.
martes, 31 de mayo de 2011
Amarganz
Se cuenta que Amarganz fue construida por los seres más feos de Fantasía. Era una ciudad revestida en su mayor parte de plata, o mejor dicho, de las lágrimas de plata que vertían unos extraños seres al contemplar su horripilante aspecto. En la fábula de Michael Ende, estos seres horrendos se transforman en jocosos y disparatados por bondad del protagonista, Bastian, que gracias al Auryn puede transformar todos sus deseos en realidad (en la realidad de Fantasía, claro). La historia nos cuenta que al cambiar de aspecto los moradores de Amarganz fueron aún más desdichados que antes, ya que en su naturaleza no estaba el estar alegres sin descanso y menos todavía en dar saltos de un lado a otro -tal como lo había imaginado Bastian- como si la vida fuera una sempiterna representación circense. Al cabo de un tiempo, los antiguos horrendos seres solicitaron a su bienhechor deshacer el encanto y volver a su apariencia original, pero para entonces Bastian se había dado cuenta de los efectos colaterales del Auryn (olvidar los recuerdos del mundo real) y no pudo volver sobre sus pasos. Ello supongo implicó la desaparición paulatina de la ciudad de plata, no recuerdo muy bien como concluye Michael Ende esta pequeña historia. A mí me inspiró un dibujo que empecé en navidades y he concluido hace pocos días.
lunes, 11 de abril de 2011
El fin de la abstracción
El mundo se materializa en lo concreto: el punto de partida de todo lo creado es la necesidad (la libertad viene después, para tapar los huecos). Descartados mitos y dioses antropomórficos, bajo la geométrica mirada de Spinoza y su tela de araña de teoremas y escolios, el hombre racional queda atrapado, sin más ayuda para entenderse a sí mismo que su pequeña conciencia y sus pasiones de andar por casa. Así se explica que el hombre busque la alegría casi siempre en el lugar equivocado, que en lo moral no haya evolucionado desde hace siglos. Con el paso del tiempo ha cambiado tan sólo el estilo, la forma de decir las cosas. Por mí parte, he sentido la vieja alegría de reencontrarme con un libro de Baroja en el que se refleja una visión de Europa mundana y jovial. Se trata de un mundo al que me gusta volver de vez en cuando, tal vez por la necesidad de toparme con una realidad que ya no existe. De esa ficción construida por el escritor formo parte como entretenido observador. En fin, salgo de Baroja y me topo otra vez con la cruda y pequeña realidad temporal de cada día. Con el fin de la abstracción llega el triunfo de lo concreto, la necesidad de adaptarme al presente y sus circunstancias.
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