viernes, 29 de enero de 2010

Volviendo a Baroja


Dice Baroja en uno de sus relatos: ¿Por qué lloran los hombres cuando nacen? ¿Será que la nada, de donde llegan, es más dulce que la vida que se les presenta?

Habla el escritor en boca de uno de sus personajes, un viejo médico de pueblo que recuerda el día que asisitió al nacimiento de una muchacha de la región: " (...) te llaman Mari-Belcha, y eres blanca como los corderillos cuando salen del lavadero, y rubia como las mieses doradas del estío...".

Seguramente Baroja rememoraba un episodio de juventud poniéndose en la piel del médico que hubiera podido llegar a ser. ¡Qué más da! Es difícil imaginar que este personaje, como cualquier otro que aparece en las novelas del escritor, no se haya basado en un ser de carne y hueso.

Sea como fuere, es una suerte que el bueno de don Pío se dedicara completamente a la escritura, o lo que es lo mismo, renunciara en parte a vivir su vida para dotar de realidad a sus personajes. Da la sensación de que la filosofía de Baroja se encuentra en la vida de sus personajes, que éstos sí, más que el mismo escritor, son fieles a su propia manera de pensar y actuar.

En fin, nunca está de más hablar de la producción literaria de Baroja, que es sin duda más interesante que la vida del escritor. En esto me recuerda a Schopenhauer, otro brillante pesimista que entre el dolor y el aburrimiento se decantó probablemente por lo segundo.

miércoles, 27 de enero de 2010

Sobre el dolor y el aburrimiento


A caballo entre el dolor y el aburrimiento: así transcurre según Schopenhauer la vida de los hombres.

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Pienso en los últimos días de la vida de Stefan Zweig, despidiéndose con cariño de sus amigos antes de suicidarse junto a su esposa en un retirado lugar de Brasil. La fotografía de aquel abrazo con el más allá estremece, por lo tierno y aburdo que resulta al mismo tiempo. El escritor justificó su decisión por el miedo a que los nazis conquistaran el mundo, ¡qué estúpido y terrible error de cálculo!

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Me impresionó "La peste", de Camus. Con el título bastaba para hacerlo: la palabra en sí aterroriza, da igual en que contexto uno la ponga. Hay una lotería del mal frente a la que el individuo poco puede hacer, ni siquiera lamentarse. El mal es casi siempre humano, pero ¡ay!, cuando la naturaleza se expresa, somos tan poca cosa, parecemos tan ridículos en ese caso en el recuerdo de nuestros sueños y nuestras ambiciones nunca realizadas.

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La catedral de Siena, una maravilla a medio construir en el corazón de una ciudad detenida por la epidemia hace más de seis siglos. Me viene a la cabeza la imagen, en algún lugar de la piazza del campo, de una placa en honor a San Bernardino, que nació unas décadas después de aquel azote divino, así como el camino que llevaba a la iglesia que conserva los restos de Santa Catalina, una construcción oscura, fría y solemne. La memoria de los hombres, como la de las ciudades, se va tejiendo a capricho con el hilo invisible del azar. Qué necesario es sin embargo aprender a vivir con el propio pasado, sólo las personas forjadas en la ideología de las dictaduras pueden pretender que su vida, como la historia de la ciudad en la que viven, puede empezar de cero.

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Los trenes del terror, detenidos por el valor y la providencia hace seis décadas y media. Tal vez la historia no pueda empezar de la nada, pero al menos sí despertar de ciertas pesadillas. La Europa que conocemos nace allí, de la mirada avergonzada a unos barracones cubiertos de polvo y huesos. Si el hombre no puede cambiar el pasado, si puede evitar cometer los mismos errores durante el tiempo que perdura la memoria.

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Europa se ha construido a partir del dolor y ahora corre el riesgo de diluirse, de desnaturalizarse, ya que lo que nos une a todos los europeos, en el fondo, no es más que la lucha contra el aburrimiento. Han pasado 65 años desde que se puso freno al mal absoluto y ahora vivimos entontecidos en un mundo digital, globalizado y tan infantil como el trasfondo ideológico de la película "Avatar". Nuestro nivel de prosperidad nos indica que mucho hemos avanzado. Sin embargo, ¿podrá subsistir nuestra civilización sin libros de papel, sin amigos de carne y hueso, sin un espacio para el propio silencio?

domingo, 24 de enero de 2010

Días para colorear


Con la vuelta al óleo, motivada por la necesidad de ocupar mi abundante tiempo de ocio, he de reconocer que me da pereza asomarme a esta ventana de imágenes y palabras improvisadas. ¡Si por lo menos tuviera algo interesante que contar! Todo está nevado, qué bonito, pero más allá de comentar el tiempo o las pelis que veo en el cine, ¿qué más puedo decir sin repetirme en plan Kierkegaard? Posibles temas para hoy: Cristiano Ronaldo, ángel y demonio; la popularidad de Obama tras las elecciones de Massachusetts, los famosos recaudan dinero para Haití, las Comunidades Autónomas reclaman del Estado más competencias, Eurovisión y los candidatos del mundo de la farándula... ¡qué panorama!

Tal vez por ello llevo tiempo barruntando la idea de escribir un blog alternativo en el que poder dar rienda suelta a todos mis instintos. Sí, una cosa con sentido del humor y carente de corrección política, en el que poner un poco de orden y desahogar todas mis frustraciones de ciudadano-exiliado-desnortado.

Así las cosas, en estos días me dedico sobre todo a pintar, aunque bien mirado, en el fondo no haga más que colorear como un niño. Dibujar, pintar, colorear o lo que sea no deja de ser una actividad relajante que permite conectar directamente con el periodo de la infancia, con ese territorio de la memoria que se embellece con el paso de los años. De esta manera, en cualquier caso, me permito el lujo de perder el tiempo sin necesidad de ver la televisión y sin que a nadie le importe, ni siquiera a mí mismo. Ojalá me salga algún cuadro bonito, aunque sea como le pasó al burro flautista -"por casualidad"-, y lo pueda mostrar pronto en este blog.

martes, 19 de enero de 2010

Un poco de poesía


El amor y la muerte, siempre de la mano. Una habitación repleta de mariposas, una mujer posando sus labios sobre la carta que habrá de enviar a su amante, la certeza de que la felicidad es por naturaleza frágil y breve. Acabados los versos, agotada la propia vida por el capricho del aire envenenado, vuelvo a casa buscando el nombre de ese poeta que murió tan joven en la ciudad eterna, ese espíritu libre que sin embargo supo detener el propio tiempo con palabras que no se llevó el agua. Y allí encuentro -en el prodigio aleatorio de internet- unos comentarios bellísimos del filósofo Gabriel Albiac sobre el mito, la muerte y la poesía romántica. Se habla con gran elogio de John Keats, a quien me refería antes sin nombrarlo, pero también de Byron, de Yeats y hasta de Lou Reed. Hay un verso del primero que finaliza con aquella idea brillante que nos enseñó Platón hace 25 siglos: que la verdad y la belleza son en realidad la misma cosa.

lunes, 18 de enero de 2010

Creer en algo


Frente a la desolación y la injusticia, ¿qué hacer?

Lo más cómodo es mirar para otro lado, claro. En la burbuja europea de Luxemburgo, el problema no se presenta, porque aquí cada uno va a lo suyo y no hay ninguna presión colectiva para hacer algo frente a los problemas ajenos, lo cual es normal en ausencia de una auténtica comunidad a la que poder pertenecer. Paradójicamente, este supuesto individualismo es fuente de bastante tranquilidad, nadie se mete en la vida de los demás y mientras uno esté bien de salud, puede tirar para adelante sin ser incordiado por casi nada. Y en caso de problemas, siempre hay amigos y la caisse de maladie para echarte una mano.

En ausencia de un espacio público en el que poder situarse, la burbuja europea de luxemburgo es discreta y cautamente apolítica. Como la máxima de esta micro-sociedad es evitar el conflicto, entonces no hay lugar para la discusión seria sobre nada que pueda herir susceptibilidades. A eso ayuda que la vida en la ciudad parezca la prolongación de la terminal de un aeropuerto, con las calles limpias y relucientes, las mismas tiendas que en Nueva York, Londres o Hong Kong, y los dependientes dirigiéndose a los clientes de manera educada en el idioma que se intuya es más apropiado para la ocasión.

En este contexto, a veces tengo la tentación de creer en algo, lo que sea, con objeto de salir de este páramo ideológico y espiritual. Por el momento, no tengo mucho éxito, pues soy por naturaleza descreido, así que continuo tan cómodo en este matrix en el que todo puede ocurrir con tal de que esté previsto.

sábado, 16 de enero de 2010

Cuadernos de viaje: las playas de Santa Mónica


En mi vida he hecho muchas tonterías: una de las más grandes fue viajar a California sin meter las zapatillas de correr en la maleta. Cada vez que lo pienso, me pongo malo... A partir de entonces aprendí la lección y no importa donde me dirija, voy siempre bien equipado para echar una carrerita con calzado adecuado para ello.

Ese descuido fue terrible para el desarrollo del viaje, no importan ya las razones, pero a pesar de todo, guardo buenos recuerdos de algunas de las aventuras que viví por esas tierras, que no recordaré aquí para no equivocar al lector. Si tuviera que volver a ir a Los Ángeles, pasaría más tiempo en las gigantes playas que dan al pacífico y ni por un instante se me ocurriría pasearme otra vez por Hollywood, un barrio bastante sórdido pese a lo que se pudiera pensar. El glamour está en las residencias de los famosos, supongo. Por allí da la impresión de que las bandas campan a sus anchas a partir de ciertas horas, así que nadie sensato camina por la tarde por las agrietadas aceras de Sunset Boulevard.

Esa sensación de miedo no la he tenido semejante en otra ciudad del primer mundo; en el tercer mundo sí, fuera de Europa y EEUU la verdad es que he tenido pánico en todas partes salvo en la ciudad de Cuzco, mágica capital de los incas de la que a buen seguro hablaré en otra ocasión para enlazar algún comentario sobre Machu Picchu.

Pues eso, el miedo nos impide disfrutar en un viaje y yo la ciudad de Los Ángeles la recuerdo con auténtico desasosiego. Tal vez por eso eché tanto en falta en esa metropoli mis zapatillas Nike, ya que para descubrir una ciudad al principio y perderle el miedo me gusta recorrerla a buen trote, en pantalones cortos y sin la cámara fotográfica que delata al turista. Ya da igual; en definitiva, cada día que me levanto agradezco a la providencia haber escapado de los alrededores de Beverly Hills, un lugar en el que por fortuna no se me perdió nada.

jueves, 14 de enero de 2010

Sueños europeos


Cada día que pasa me siento más ligado a la tierra que me vio nacer. Me alegra mucho ser español, ¿qué le voy a hacer?, y además, tengo la gran suerte de ser del Real Madrid. ¡Que gran satisfacción levantarse cada día con esta certeza! Es difícil expresar el tremendo orgullo que siento por pertenecer a la gran familia del madridismo. Por eso admiro tanto a Florentino Pérez, porque nadie como él ha sabido entender en los últimos tiempos los valores de esta institución. El Real Madrid no es una empresa y por tanto pertence exclusivamente a sus socios y simpatizantes, no importa donde vivan, pero es cierto que Florentino representa a la perfección a este club centenario. Por eso le deseo toda la suerte del mundo, ya que de su buena gestión depende que los sueños de millones de personas se hagan realidad.

Sabemos bien todos los madridistas que en este año 2010 que ahora comienza un sueño sobresale sobre los demás. La final de la champions será en el Estadio Santiago Bernabéu y ganarla sería una auténtica locura. Sólo de pensar que podemos jugar la final allí me dan escalofríos. Sería en todo caso un estupendo colofón para la carrera de Raúl, el jugador más importante del club en las últimas dos décadas, así como de Guti, el Curro Romero de la casa blanca.

¡Pero qué forofo estoy hecho! Debe de ser que, ay, cuando el corazón habla, no hay lugar para el análisis sosegado, ni para la distancia ni para la ironía...

sábado, 9 de enero de 2010

El misterio de la montaña


Tras un día agotador de tiendas por Alemania, llego a casa con la intención de no hacer nada. Ni siquiera descansar, que algo ya sería. ¿No será que he hallado, sin saberlo, la ataraxia de la que hablaban los filósofos de la grecia clásica? Tal vez. Después de unos minutos, descubro algo que sí me apetece hacer: asomarme a esta ventana cibernética a ver que se me ocurre.

Y empiezo a divagar, que el lector me perdone...

La existencia de la nada, si puede decirse así, es previa al nacimiento del mundo. Creado éste, a partir de una gran explosión cósmica que nuestra razón no puede comprender, la nada desaparece, se hace sueño lejano, refugio de dioses olvidados por el tiempo. Ya sólo nos queda intuir, si es que podemos, el significado de esa nada, aceptar que existió sin ser más que ausencia de todo lo demás. El anhelo de la nada, de ese no-ser previo al mundo, es un sentir que el hombre, de forma misteriosa, puede tratar de alcanzar en la cima de una montaña o en un recóndito lugar oscuro y silencioso. Viviendo como lo hacemos rodeados de ruido, es imposible que podamos siquiera acercarnos a comprender esta idea. Pero si no, ¿cómo comprender el impulso de todos esos alpinistas que arriesgan sus vidas, sin razón aparente, en lugares donde cada respiración se hace agotadora? ¿cómo entender, en toda su dimensión, el testimonio de un clérigo anciano y ciego, que dice -desde la celda de un monasterio escondido entre los Alpes- ser tan feliz como el más feliz de los hombres? Tengo la intuición de que el comportamiento de determinados hombres no se podría comprender si no fuera por la existencia de esa nada que, como un agujero negro en mitad de la galaxia, arrastra a determinados sujetos hasta el límite de su propia desaparición.

Pues eso. De vez en cuando conviene divagar un poco. Buenas noches.

El origen de la belleza


Algunas palabras son mágicas: al pronunciarse modifican la realidad y crean belleza, es decir, hallan la verdad allí donde ésta se encuentra. Si no se pudieran pronunciar estas palabras los sentimientos no podrían existir, el deseo humano se quedaría en puro apetito y no podría transformarse en algo que, trascendiendo al propio individuo, consigue que los hombres se reflejen en el espejo de la divinidad. Sin el poder de esas palabras transformadoras el homo sapiens no sería más que el vulgar mono desnudo cuyos hábitos y costumbres son objeto de estudio por parte de los antropólogos.

Dios es amor, dice la Biblia por boca de San Juan. Hasta ahora nunca me había tomado en serio esta frase de sermón dominical. Ahora me parece que esos dos conceptos son, efectivamente, uno solo, que sirve para delimitar una de las muchas fronteras de la razón; por este motivo ante la tarea comprender esta frase tan aparentemente sencilla el hombre cabal puede optar por rechazarla sin más o aceptarla en silencio, desde su creencia personal, ya que si busca adentrarse en su significado corre el riesgo de quedarse atrapado en las trampas del propio lenguaje.

miércoles, 6 de enero de 2010

No hay dos sin tres


Para verdadera sabiduría, la contenida en los dichos populares.

Ni Lao-Tse ni Confucio, si uno quiere ser feliz que se deje guíar por los aforismos del refranero hispano, verdaderas perlas del saber condensadas en frases aparentemente inocuas. Una de ellas, quizás de las más útiles pero quizás más incomprendidas, es aquella de no hay dos sin tres.

Se podría hacer un tratado de psicología para desenmarañar los secretos que encierra esta afirmación tan trivial. Si hacemos una cosa y nos gusta, entonces repetimos. Y aunque la segunda vez no sea como la primera, volvemos a repetir por si acaso. Nadie va al mismo restaurante o pasa las vacaciones en idéntico lugar dos veces, si repetimos en una ocasión es muy probable que repetiremos otra vez. Y a partir de ahí hasta el infinito, el hombre es un ser de costumbres. ¡Qué extraños misterios rodean la conducta humana, tan cambiante en la superficie pero en el fondo tan sujeta a leyes inmutables como las que rigen para la naturaleza!

Pues sí, cuando de la voluntad humana se trata, no hay por regla general dos sin tres, con una gran excepción que se me ocurre mirando alrededor: la de traer niños al mundo. Ahí hay que tener en cuenta, sin embargo, que rigen normalmente dos voluntades, por lo que la máxima se sigue aplicando de alguna manera.

Con este comentario sui generis pretendo justificar -digo yo- la aparición en un breve espacio de tiempo de un tercer octógono salido de ninguna parte. En este blog, al igual que ocurre en las tormentas, la imagen precede a la palabra como el rayo al trueno.

Y ya para acabar, hablando de tres, ¡felices Reyes Magos!

sábado, 2 de enero de 2010

El banquete de Platón


Empieza el año, peor aún, la década.

Esto no hay quien lo pare. A partir de un cierto momento en la vida, el tiempo transcurre a una velocidad de vértigo y hay poco que hacer para remediarlo, le pasa a todo el mundo. Ley de vida, dirían algunos, ¡menudo consuelo!

Tras el epicureismo, llega el estoicismo, la corriente del pensamiento en virtud de la cual -simplificando un poco- conviene hacer de la necesidad virtud. Pues sí, buenas dosis de esta sabia filosofía necesitamos en un país en el que la mediocridad se ha apropiado del espacio de la política, mire uno en la dirección que mire. Parece una broma, pero no: España siglo XXI, liderada a babor y estribor por gente incapaz de leer "The Economist" en versión original. ¡Qué gran fidelidad a la lengua de Cervantes!

Como veis, queridos amigos, empiezo el año dando guerra. Para suavizarme y afrontar el crudo invierno luxemburgués con el mejor de los ánimos, adquirí en la FNAC, siguiendo el consejo que alguien me dio sin darse cuenta, una bonita edición del banquete de Platón. Seguro que me iluminará y me dará razones para seguir asomándome a esta ventana virtual con buenos argumentos acerca de lo humano y lo divino.

¡Gracias por estar ahí y feliz año a todos!